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Lunes, 12 de Noviembre de 2018

Las villas: de la erradicación a la urbanización

Por Demian Konfino*

Se están cumpliendo exactamente 50 años del primer mega plan de erradicación de villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires. A la sombra del golpe de Estado encabezado por el dictador Juan Carlos Onganía, se aprobó, para las villas, un plan de erradicación propensamente devastador.

(Buenos Aires - 12/05/2018) El programa fue conocido como PEVE (Plan de Erradicación de Villas de Emergencia) y se proponía el traslado de sus habitantes en etapas, primero a Núcleos Habitacionales Transitorios y, posteriormente, a Núcleos Habitacionales Definitivos. Para ello había que "resocializar" a sus habitantes.

El programa inauguró el uso de topadoras, camiones del ejército para el traslado a los NHT o a provincias o países de origen los habitantes de las villas e incluyó rocío a pobladores con DDT para "desinfectarlos".

Si bien se redujo la cantidad de personas en villas, el plan no cumplió con sus objetivos aunque inauguró una fase de hostigamiento y estigmatización hacia los pobladores villeros.

Mientras tanto, el movimiento villero se organizó para reclamar primero por mejoras en su calidad de vida y, posteriormente, por su derecho a la vivienda digna en el lugar. En este proceso, el padre Carlos Mugica jugaría un rol fundamental.

La dictadura de 1976 retomó aquellos métodos y se propuso un plan aún más ambicioso: la erradicación humillante, compulsiva y violenta de las villas -que incluyó patotas, traslados en camiones de basura y violaciones- sin planificación respecto al destino de sus pobladores. De este modo, la gestión del gobierno de la Ciudad a cargo del Brigadier Cacciatore -nombrado por el genocida Jorge Rafael Videla- erradicó las villas del Bajo Belgrano, Colegiales y la de la Av. Córdoba y Jean Jaurés. Asimismo, disminuyó considerablemente la cantidad de habitantes de todas las villas de Buenos Aires, logrando resistir y permanecer en sus lugares solo un puñado de pobladores gracias a un amparo judicial.

Con el advenimiento de la democracia, el movimiento villero volvió a repoblar los barrios que habían sido menguados y, con ellos, el discurso de la erradicación compulsiva de las villas volvió a tener fuerza y se convirtió en política oficial durante la gestión de Jorge Domínguez como intendente de la Ciudad, nombrado por el entonces presidente Carlos S. Menem, al intentar derribar casillas de Villa 31 ante las cámaras de televisión.

Sin embargo, con la flamante autonomía de la Ciudad y la sanción de su Constitución, el constituyente tomó la decisión de establecer una única forma para satisfacer el derecho a la vivienda digna para los pobladores villeros, la urbanización de las villas con criterio de radicación. O, más sencillo, viviendas dignas en el territorio de las mismas villas.

En este sentido, en la sesión del 28 de septiembre de 1996 de la Convención Constituyente, el convencional Eduardo Jozami explicó el espíritu de este artículo: "Los habitantes de las villas de emergencia deben ver resuelto su problema de vivienda de acuerdo con el criterio de la radicación en el lugar".

La convencional María Elena López en esa misma sesión, completó: "La idea de aludir a la integración urbanística tiene que ver con la integración de todos esos asentamientos al resto de la Ciudad; urbanizar es abrir calles, es instalar luz, proveer de agua y abrir plazas".

El artículo 31 de la Constitución de la CABA promueve, en este sentido, "la integración urbanística y social de los pobladores marginados, la recuperación de las viviendas precarias y la regularización dominial y catastral, con criterios de radicación definitiva".

A partir de allí, con la fuerza de una norma constitucional, quedó estipulado que ningún proyecto de ley puede contemplar el traslado de los pobladores villeros.

Por ello resulta saludable que el gobierno de la Ciudad revierta sus antecedentes, decida apegarse a la letra de la Constitución y resuelva sancionar nuevas normas que promuevan la urbanización de las villas de la Ciudad. No se trata de una dádiva sino del cumplimiento de la Constitución y representa un triunfo de la tenacidad, la perseverancia y la organización villera que no cejó en la batalla cultural por prevalecer en la lucha por vivienda digna.

Sin embargo, debe remarcarse: las leyes sancionadas en el último tiempo para las villas 20, 31, Rodrigo Bueno y Playón de Chacarita -entre otras- no implican directamente "urbanización". Tampoco determinan per se el goce de la vivienda digna para sus habitantes. Son, no obstante, pasos importantes que deberán consolidarse en planos, obras concretas y nuevas normas que garanticen verdaderamente el ejercicio del derecho a la vivienda digna de todos los habitantes de las villas de Buenos Aires. En el lugar donde se vive.

Cabe recordar que se trata de un gobierno de la misma fuerza política que gestiona la Ciudad hace casi 11 años, que triunfó en las elecciones prometiendo erradicación de villas allá por el año 2007, y que, ya en la gestión, pasó las topadoras por el barrio Papa Francisco y lo intentó -legislativamente- con el barrio Rodrigo Bueno.

Nuevas normas deberán superar la etapa programática y alcanzar elevados consensos entre los pobladores villeros para así avanzar en mejoras concretas en su cotidianeidad respetando sus historias, sus luchas y sus tradiciones que colocaron al movimiento villero en el lugar en el que se encuentra hoy, habiendo ganado el sentido común por la urbanización, esperando la realización de su derecho histórico. Que pueda cumplirse el sueño del padre Mugica, a 44 años de su asesinato: hacer de las villas barrios obreros.

*Abogado y escritor. Autor de los libros Villa 31, Patria Villera y La Mala.

Fuente: Ámbito

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