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Lunes, 11 de Diciembre de 2017

El Palacio San José, bastión de Urquiza

Daniel Balmaceda

Una nueva biografía del entrerriano ofrece detalles de la casona que mandó construir y que habitó con su familia; arte, lujo, gobierno, política y drama en la histórica propiedad

(05/12/2017)
El Palacio San José, bastión de Urquiza.
Isidoro Ruiz Moreno, prestigioso y reconocido historiador argentino, ha publicado Vida de Urquiza, de editorial Claridad, con valiosa información sobre el entrerriano. Celebrando la llegada de este libro, ofrecemos un fragmento del capítulo 18, titulado "El general en familia":


Residió don Justo en lo que se llamó el "palacio" San José, pues parecía tal, elevándose sobre un campo entonces yermo, con sus dos torres y recintos rodeando dos patios, edificio cuya construcción aún no había sido completada; "mansión que tanto amaba", al decir de Benjamín Victorica. Se ha dado noticia del edificio y entorno, pero vayan unas precisiones sobre la estructura del edificio. Comenzado en 1848, estaba casi completada para la época de la Presidencia, y posiblemente se haya concluido diez años después, ya que sobre la puerta cancel de hierro en la entrada posterior, se leen unas escuetas abreviaturas: "J.U. - Jul. 9 de 1858". Más detalles pueden añadirse cuando fue ampliado, en términos del mismo allegado:

"Si bien no ostentaba gran lujo en su arquitectura ni en su mobiliario, sin dejar de ser adecuado, era suntuosa por la extensión y comodidades del edificio, y por sus grandes jardines y sus bosques frutales y forestales. El primer cuerpo del edificio estaba dividido en dos grandes secciones: la primera por las habitaciones de recibo, dormitorios de la familia y de huéspedes distinguidos. Este gran cuadrado lo circundaban al interior una arquitectura espaciosa, y otra al frente, coronado por dos miradores. A la derecha de su frente la secretaría, un billar (ejercicio a que el General era aficionado, por considerarlo higiénico), el gran comedor, y luego los departamentos de huéspedes; a la izquierda la sala, antesala y habitaciones de la familia. El segundo cuerpo, más extenso que el primero, lo ocupaban dependencias del servicio. Otro gran comedor para los huéspedes de segundo orden, y numerosos dormitorios para su alojamiento. Entre la casa y la extensa quinta había otro patio abierto, o más bien una plaza".


En 1857 se colocó en la torre izquierda del edificio un reloj, con campanario de las antiguas misiones jesuíticas; y como Urquiza era devoto de la simetría, se puso otro reloj falso en la derecha.

El interior de la vivienda mostraba detalles de confort y refinamiento. En la sala principal más de 100 pequeños espejos colocados en el techo brindaban mayor luminosidad al ambiente, y el palacio contó con el primer servicio de aguas corrientes del país (1856). Por supuesto, encerraba su segundo patio un aljibe, construido con una sola pieza de mármol de Carrara, rodeado este patio por una artística y alta reja que lo contorneaba.


Foto: Archivo

En aquella sala se colocaron un par de grandes óleos, uno de ellos ejecutados por el futuro gran pintor Juan Manuel Blanes, a quien Urquiza tomó bajo su protección al iniciar su destacada trayectoria artística. Uno de ellos era retrato sedente del General en ropas civiles, y el otro -de distinto autor- del matrimonio con sus hijos Dolores, Justa, y Justo José. Juan M. Blanes también pintó enormes telas que recordaban los hechos militares de Urquiza, compuestas bajo indicaciones del mismo: son ocho cuadros que decoraban los ángulos del patio principal del frente -largos de dos metros y medio por uno-, de gran valor histórico: Pago Largo, Don Cristóbal, Sauce Grande, India Muerta, Laguna Limpia, Vences, y dos de Caseros.

En torno al casco crecieron cantidad de árboles, muchos de ellos frutales. A lo largo de algunos años se colocaron adornos, como un par de enormes pajareras a su frente, construidas en hierro fundido con aplicaciones de bronce, y dos estatuas de mármol (Europa y África) flanqueado la entrada principal. Atrás se instalaron bustos de Alejandro, César, Cortés y Napoleón. En 1856 Urquiza escribió a su apoderado en Paraná con referencia al joven León Sola (hijo de un antiguo Gobernador), becario en Europa: "Puesto que es de tanto mérito la figura en mármol a que Ud. se refiere, y basta que sea del primer artista entrerriano en ese género, yo la tomo". La estatua llegó de Italia, y muestra a una joven tocando la guitarra.

A la derecha del portón de acceso posterior se levantó una capilla que reemplazó al primitivo "oratorio", lo cual confirma la religiosidad de Urquiza, según puntualizó Victorica:

"Al norte una hermosa capilla dedicada a San José, devoción de la familia de los padres del General, que era creyente sin ser devoto, pero le gustaba que su familia cumpliese el precepto de la misa, a que él asistía".

La construyó Pedro Fossati quien había sido presentado al Presidente Urquiza por el Encargado de Negocios de Cerdeña Marcello Cerruti. Aquél se lo agradeció (28 de enero de 1857): "Estoy muy agradecido y contento por el envío que ha hecho Ud. del señor Fossati, quien no dudo satisfará mis deseos, dejando como Ud. dice, en esta Provincia un monumento que recuerde su nombre". El arquitecto Fossati -de importante trayectoria en el Plata-, reemplazó al primitivo constructor del palacio (Dellepiane) y trabajó hasta terminar la mansión con la plena conformidad del primer magistrado. No sólo se ocupó de la capilla en San José, sino que también edificó la iglesia de Concepción del Uruguay frente a la plaza principal (inaugurada en 1859), el obelisco que en ella recuerda al general Francisco Ramírez, y una columna corintia en homenaje a la Constitución en la otra plaza de este nombre. Servicio complementario de Fossati fue que introdujo ante Urquiza al grabador Pedro Cataldi (23 de mayo de 1857), de notoria obra medallística junto al General.

El Palacio San José, bastión de Urquiza
El Palacio San José, bastión de Urquiza.
Volviendo a la capilla, puede añadirse que contaba con dos púlpitos iguales, de madera, cerrados con rejillas, y dos palcos para coro o asistencia a los servicios religiosos, ricamente tallados, adornados en plata y oro, como el altar, continuando con el gusto de Urquiza por la simetría. El recinto fue decorado por Blanes, y allí se celebraron misas, casamientos y bautismos en esta capilla, contando su sacristía con una gran pila para el agua bendita, de mármol esculpido.

Frente a esa capilla existía una casa de negocios que abastecía a las necesidades de los numerosos habitantes de la estancia y alrededores. Y otras dependencias algo alejadas: talleres de herrería y carpintería, cocheras y caballerizas. Detrás de la quinta un vasto lago artificial, que sirvió de esparcimiento a bordo de un pequeño vapor llamado San Cipriano.

El edificio no fue sólo el domicilio particular, habitación para familia, pues era a la vez casa de Gobierno -allí se dató y firmó el decreto de su revolución en 1851, el "Pronunciamiento"- y hasta cuartel general de sus tropas, como alguna vez se denominó

Fuente: La Nación

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