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Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Los interrogantes de la reforma fiscal que se viene

DIEGO PENIZZOTTO

Presión impositiva. Reducir la carga fiscal sobre los contribuyentes es el objetivo principal de la medida.

(01/10/2017) “No vamos a permitir ninguna reforma que signifique recorte de derechos”, indicó esta semana el diputado Sergio Massa en referencia a la reforma impositiva que el Poder Ejecutivo planea enviar al Congreso de la Nación luego de las elecciones de octubre.

Existe consenso en todo el arco político, en relación a la necesidad de revisar la estructura impositiva. Sólo la presión impositiva correspondiente al Estado nacional pasó del 21% en 2002 al 34% en 2016. Un incremento acorde al crecimiento del tamaño del Estado. Durante ese mismo periodo, el déficit fiscal sólo se vio interrumpido entre 2003 y 2008 al calor de los extraordinariamente altos precios de la soja a nivel internacional.

La sentencia de Massa no sólo anticipa la puja política que tendrá lugar en el Congreso una vez que la elección haya cambiado la relación de fuerzas, sino que abre el juego a una serie de interrogantes que serán claves para entender el tenor y el sentido de la reforma que se plantea.

¿Alta o baja?

Existe cierta tendencia entre los economistas a endilgar todos los males de la economía al tamaño del Estado. Quienes se enrolan en esa línea de pensamiento insisten en que nuestro país sostiene una excesiva carga fiscal que oprime al sector privado e impide la inversión y el crecimiento sostenido. Una forma sencilla de comprobar si la sentencia es correcta es verificar qué sucede en el resto del mundo. ¿Es verdad que en Argentina se cobra impuestos de forma excesiva?

Si se compara la presión fiscal con los países de la región, efectivamente nuestro país es el que tiene una carga impositiva mayor en relación a sus vecinos. La misma llega al 34,7% del Producto Bruto Interno (PBI). En comparación, Brasil tiene una carga del 32%, Uruguay del 27% y Chile del 20,6%. Sin embargo, si se compara con los países desarrollados, la presión fiscal en Argentina es similar a la del promedio que se registra en los países de la OCDE (34,3%). En general, en todos los países europeos la presión fiscal es mucho más alta que en Argentina. La más similar se registra en España (34%) y la más alta en Francia (47,8%).

Es decir que la categorización de “alta” o “baja” presión impositiva es relativa al contexto político, social y económico en el que tiene lugar. Quienes sólo ven al Estado como un mero prestador de servicios indicarán que la calidad de los servicios en Argentina no guarda relación con la carga impositiva. Por el contrario, quienes entienden que el rol del Estado es estar presente en el lugar en que el mercado no da respuestas señalarán que la presión impositiva posibilita ampliar los derechos de miles de personas.

¿Cuáles?

Cada vez que se habla de reforma impositiva, el énfasis se pone en la empresa privada y en la dificultad que tienen los productores nacionales para competir e invertir. Sin embargo, al analizar en detalle la estructura impositiva nacional resulta que la mayor parte de los tributos recae sobre los individuos.

A la vez, la teoría económica clasifica los impuestos en regresivos y progresivos, en la medida en que los mismos contribuyen a una mejor distribución del ingreso. Los impuestos regresivos son aquellos que recaen con mayor peso sobre el sector de menores ingresos. Los progresivos son aquellos tributos que gravan más a los sectores de mayores recursos.

Si se observa en detalle la estructura impositiva del Estado nacional, en base al acumulado de recaudación durante los primeros ocho meses de este año, resulta que el impuesto al Valor Agregado (IVA) representa casi un tercio de la masa total de impuestos. Si al IVA se le suman los aportes personales (la parte de las contribuciones sociales que paga el trabajador), resulta que los impuestos que recaen sobre la gente de a pie llegan al 40% del total de la recaudación. Ello sin contabilizar la parte del impuesto a las Ganancias que recae sobre los salarios más altos, y otro tipo de gravámenes como el impuesto a los Débitos y los Créditos Bancarios, que también inciden en el bolsillo. Vale decir que el IVA es un impuesto netamente regresivo, en tanto es pagado por los consumidores finales. Sabido es que los sectores de menores recursos gastan una proporción mayor de sus ingresos en bienes de consumo.

A ello hay que sumar la incidencia de los impuestos provinciales. El tributo emblema es Ingresos Brutos. Se trata de un impuesto que atraviesa a toda la cadena de valor, altamente distorsivo en tanto no es uniforme, ya que distintas provincias cobran distintas alícuotas. Existe sin embargo una fuerte limitante que obstruye la revisión de este gravamen en una posible reforma: Ingresos Brutos explica tres cuartas partes del total de la recaudación de las provincias.

Dicho esto, vale preguntarse: ¿cuáles son los impuestos que serán materia de reforma? A la luz de los datos, lo más sensato sería revisar aquellos tributos que inciden de forma directa sobre el consumo. La alícuota del IVA establecida en el 21% desde los años 90 es excesivamente alta en relación al resto del mundo, donde no se paga más del 12% por este tipo de impuesto. El precio de los alimentos está influenciado de lleno por este impuesto. Reducir la alícuota sólo tiene sentido si se traduce en reducción de precios y no en aumento de la rentabilidad empresarial.

Otro punto clave es la relación con las provincias. ¿Cómo hará el gobierno para convencer a los gobernadores de resignar al menos parte su principal herramienta financiera, Ingresos Brutos? Es la discusión que se viene tras las elecciones.

¿Y el déficit?

Los datos del Presupuesto 2018 enviado al Congreso, revelan que el déficit fiscal sigue representando más del 4% del PBI, una cuantía muy similar a la heredada de la década K. El gobierno decidió resignar una porción importante de los recursos cuando redujo la alícuota de retención a las exportaciones e importaciones. Las mismas representaban en su conjunto un 7,2% de la recaudación total. Hoy significan el 5,5%.

Si lo que se plantea es un recorte en los ingresos del estado, la pregunta es ¿cómo se logrará reducir el abultado rojo fiscal?

La ecuación es sencilla. Si hay déficit y los ingresos serán aun más chicos, la única forma de reducir el déficit significativamente, es reducir fuertemente los gastos, una decisión que el gobierno de Cambiemos ha esquivado hasta el momento.

Datos
75%
representa el impuesto a los Ingresos Brutos en la recaudación total de las 24 provincias argentinas.
12%
La alícuota máxima de IVA que se paga el otros países del mundo.
34,7%
La presión fiscal que existe en Argentina. Es muy alta en relación a los países vecinos, pero más baja que en los países europeos.
La clave de la reforma impositiva que viene será saber qué tributos se modificarán.
Ello determinará quién ve reducida la carga fiscal.

Fuente: Diario Río Negro

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