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Viernes, 28 de Abril de 2017

Arqueología

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo

María Belén Etchenique

Es de los siglos XII-XIII y vivían cazadores recolectores. Hicieron 38 excavaciones, también en Villa Riachuelo. Encontraron utensilios, flechas y rastros de arquitectura en madera. Esto cambia la historia porteña, dicen los expertos.

(09/04/2017)

Arqueología/ Hallazgos históricos
“Estamos caminando donde ellos caminaron”, dice el arqueólogo Ulises Camino. Está parado dentro de una excavación, a menos de un metro del suelo. A su espalda se alza una de las tribunas del autódromo porteño, alrededor hay parrillas y mesas de cemento. Dice ellos y no se refiere a las personas que cada fin de semana visitan el camping municipal, tampoco a los que llenan el autódromo cuando hay una carrera. Dice ellos y habla de los pobladores más antiguos de los que se tenga registro en Buenos Aires. Ahí, en medio de un camping, a metros de la pista en la que se corre el Super TC 2000, investigadores argentinos y vascos encontraron un aldea indígena de los siglos XII-XIII.

Hicieron 38 excavaciones, repartidas en el Autódromo Gálvez y en el Parque Ribera Sur, en Villa Riachuelo. Extrajeron cerámicas, puntas de flechas, cuentas de collar, huesos y rocas. También encontraron huellas de postes en los que se apoyaban las casas. Todos rastros que les permitieron confirmar la existencia de un asentamiento prehispánico. La legitimación científica se completó hace dos meses: la aldea es tres siglos anterior a la llegada de los españoles al Río de la Plata.

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Parque Ribera Sur. Arqueólogos argentinos y vascos excavan, rodeados de parrillas y mesas de cemento.

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“¿Ves este agujero que está ovalado? Seguramente es de un poste que pertenecía a una construcción y lo sacaron para llevarlo a otro lado. Hicieron así -dice Ulises y con los brazos emula el movimiento hacia atrás y hacia adelante que se usa para desenterrar una sombrilla en la playa-”. Dentro de la excavación la tierra es lisa, aunque está tapizada de musgo. Mientras se hicieron los análisis de laboratorio no hubo trabajo de campo. Hoy, sobre el piso de una de las excavaciones hay 12 agujeros de entre 15 y 20 centímetros de diámetro. La mayoría son círculos perfectos, lo que indica que formaban parte de estructuras de viviendas con una ubicación semiestable.

“Es el hallazgo arqueológico más importante de la Ciudad. Encontrar una aldea prehispánica debajo de Buenos Aires cambia la historia: prueba que la vida de la Ciudad no empieza en 1536, con la fundación de Pedro de Mendoza, como nos enseñaron”, dice Daniel Schávelzon, investigador del Conicet y director del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Desde hace 40 años indaga debajo de la superficie porteña. Su nombre está detrás de los hallazgos arqueológicos más valiosos. Pero ni siquiera él suponía que en el sur dormía un asentamiento tan antiguo. Llegó a Villa Riachuelo en busca de otra cosa: quería restos de la primera fundación española. Jamás imaginó lo que encontraría.

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Investigación. Daniel Schávelzon, Daniel Loponte y Ulises Camino, en el laboratorio del Centro de Arqueología Urbana de la UBA. Así relevaron parte del material recolectado. /Juan Manuel Foglia

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El equipo de investigadores empezó pelándole capas a la tierra. Lo primero que hallaron fue fragmentos de vasijas de cerámica, piezas que los indígenas usaban para cocinar caldos y guisos, trasladar el agua que sacaban del Riachuelo (entonces la orilla estaba a pocos metros) y servir la comida. Luego encontraron puntas de flechas, cuentas de collares, vértebras de guanaco, falanges de venados de las pampas y la cáscara de un huevo de ñandú, entre cientos de elementos. “Son restos de uno o varios campamentos indígenas de cazadores recolectores pampeanos. Vivían de la caza de guanaco, ñandú y venado de las pampas. También sabemos que usaban piedras originarias de Tandil, Entre Ríos y Uruguay”, dice Daniel Loponte, arqueólogo del Conicet y del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. El grupo de expertos se completa con restauradores de la Universidad del Museo Social, la gerenta operativa de Patrimonio de la Ciudad, Nani Arias, y arqueólogos dirigidos por Agustín Azkarate, un prestigioso investigador de la Universidad del País Vasco.

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Posible hallazgo. Los arqueólogos argentinos y vascos, reunidos en una de las excavaciones ante un posible descubrimiento.

“Analizamos las cerámicas y tenemos cinco fechas obtenidas por el método de la termoluminiscencia. Cinco fechas coincidentes, en diferentes laboratorios de España, es indiscutible”, dice Schávelzon. “Además -sigue- hay evidencia de que tenían una arquitectura en madera. Si estaban todo el año o si la habitaban en una época o lo usaba un grupo o distintos lo tenemos que seguir investigando”. Pero hay descubrimientos que los entusiasman: recuperaron fragmentos enterrados de morteros para moler pimientos y frutos. También, rocas que usaban para cortar o raspar. “Suponemos que enterraban objetos que les resultaban más difíciles de trasladar. Los ponían en lugares determinados para luego volver a usarlos”, agrega Camino. Además confeccionaban sus propias herramientas, eso jamás se había encontrado en la región. “Fabricaban sus propias puntas de flecha. Hallamos desechos que descartaban mientras las hacían”. Las flechas las empleaban para cazar, aunque no rechazan la posibilidad de que fuesen elementos de defensa.

Pasaron más de 700 años, el Riachuelo se rectificó y un viejo puente -La Noria- fue desplazado, pero las tierras que rodean al autódromo siguen siendo una loma natural. De pie, al lado de la pista, se pueden ver los edificios de Puerto Madero. Era un punto en el que los primeros pobladores tenían dominio visual sobre todo el bañado del Riachuelo. “La Ciudad de Buenos Aires es el lugar que un arqueólogo menos elegiría para buscar un sitio prehispánico -dice Loponte-. Se supone que acá todo está modificado. Lo que encontramos es una cápsula del tiempo preciosa”.



Las técnicas detrás del hallazgo
Desde la definición del espacio de trabajo, los investigadores argentinos y vascos se apoyaron en técnicas. Recurrieron a estudios hechos a principios del siglo XX por el naturalista Carlos Rusconi, el primero en reconocer la importancia arqueológica de esa zona del sur de la Ciudad. Usaron cartografía vieja y la superpusieron con imágenes satelitales. Así, definieron un área de terrenos altos ubicados a orillas del Riachuelo, una lengua de suelo que funcionaba como una isla en la planicie de inundación. En ese punto empezaron a abrir la tierra.

Con los hallazgos en las manos, enviaron muestras de cerámicas a laboratorios españoles. Las sometieron al método de la luminiscencia. Una técnica que se usa en arqueología para determinar la edad de objetos que hayan sido sometidos al calor. En breve estudios nuevos indicarán la antigüedad de los huesos de guanacos y venados de las pampas. También se harán análisis de ácidos grasos a la cerámica para conocer qué se cocinaba adentro.

“Se puede reconstruir la flora, la fauna, la temperatura, el medio ambiente y las condiciones ecológicas. Podemos saber mucho sobre estos primeros pobladores. Hace 50 años hubiese sido imposible, pero hoy se llega a un nivel de estudio microscópico”, dice Daniel Schávelzon. Las muestras están distribuidas en siete cajas azules en una estantería del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Cada elemento fue lavado en forma previa, y está dentro de una bolsa y rotulado. Un equipo de restauración de la Universidad del Museo Social determinó cómo guardarlos y conservarlos.

En mayo los vascos volverán, las excavaciones crecerán a los costados y al grupo de arqueólogos se sumarán geólogos, botánicos, biólogos y químicos.

Fuente: Clarín

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