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Domingo, 26 de Marzo de 2017

Catamarca, la simplicidad de la naturaleza

Escalar algunos picos de los Seismiles, con más de 6.000 metros sobre el nivel del mar, es una experiencia inolvidable

(Catamarca - 19/03/2017)


Postales para el alma. Una maravillosa vista de las montañas y lagos que ofrece la provincia de Catamarca.
En la búsqueda de nuevas montañas para escalar, y para hacer un primer contacto con el guía que realiza los ascensos al cerro San Francisco, de 6.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), salimos rumbo a Catamarca.

El primer lugar de paso fue Aimogasta (La Rioja), Cuna del Olivo. Llegamos casi al anochecer y cenamos en la plaza del lugar. Es costumbre de los bares colocar mesas en la plaza, y como no hay insectos ni pasan muchos autos, la tranquilidad acompaña para disfrutar una comida diferente.

Continuamos viaje hasta Fiambalá, la "Puerta de los Seismiles". La ruta 60 está en muy buen estado y bien señalizada. El primer tramo se llama "Ruta del Adobe" y en su recorrido vemos distintos pueblitos con construcciones de adobe que parecían abandonados, salvo por algunos vehículos que indicaban algo de vida en esa aridez. La tonalidad de marrones unificaba montañas y casas. La historia parecía flotar en el ambiente.

Ya en Fiambalá visitamos las termas y una antigua iglesia que conserva una talla de San Pedro articulada. Al otro día contratamos la excursión al "Balcón del Pissis" (6.678 msnm), en vehículos 4 x 4 con guía. Nos detuvimos en las Dunas de Tatón y en las diferentes formaciones montañosas, de aparente inmovilidad desde hace millones de años, y donde alguna vez seguramente caminó un enorme dinosaurio.

A lo lejos, una manada de vicuñas posaba para la foto. Compartimos la excursión con Jorge, nuestro guía, Martín y Sabrina. Quedamos impactados ante la imponente escenografía.

El volcán inactivo más grande del mundo enmarcaba el paisaje. A sus pies, las lagunas Aparejos, Azul y Verde, de intensos colores parecían pintadas por un artista. Infaltables mates y previo ritual a la Pachamama, emprendimos el regreso. En las zonas andinas siempre hay montículos de piedras, y ahí es donde cada uno deja su ofrenda a la madre Tierra.

Continuando por la ruta 60, en ese tramo "Ruta de los Seismiles", unos 100 kilómetros antes del límite con Chile, paramos en Cortaderas, sitio rodeado por una laguna habitada por flamencos, patos, y otras aves acuáticas, rodeado de altas montañas.

Cruzando el camino, un cerro de 4.000 msnm, ascendimos bastante rápido porque una tormenta se anunciaba. Desde la cumbre la visual a los volcanes nevados es cautivante, esa zona de Catamarca es la segunda más alta del mundo luego del Himalaya.

Al día siguiente, amaneció todo nevado y a pleno sol. Próximo destino, por la "Ruta de los Telares", Belén, la "Cuna del Poncho". En estas tierras históricas el misterio de sus leyendas convive con cientos de iglesias, santuarios y capillas desperdigados en su suelo de creyentes pobladores. La estatua blanca de la Virgen de Belén parece cuidar el pueblo desde arriba.

También visitamos a las legendarias "hadas hilanderas" que nos mostraron sus trabajos en los telares rústicos. La cocina es el paisaje puesto en la mesa, le hicimos honor a las comidas típicas: jigote, locro, humita y empanadas.

A unos pocos kilómetros se encuentra la localidad de Hualfin, donde recorrimos una bodega, una pequeña capilla del año 1770 y el Parque Arqueológico El Shincal de Quimivil, donde los incas dejaron su huella. Es la réplica del patrón arquitectónico de Cusco (Perú). Este lugar tiene fuerte producción de comino y pimentón, hay más vegetación y se aprecian los viñedos, aunque curiosamente el cantero central de acceso al pueblo tiene cactus.

En Catamarca es todo "Cuna de" o "Ruta de", nos faltaba ir a Londres "Cuna de la Nuez", la primera ciudad fundada en Catamarca. Las nueces son exquisitas y no pudimos decirle no al postre de queso, dulce de cayote y nuez.

Seguimos viaje rumbo a La Cuesta del Portezuelo, unos 20 kilómetros de camino sinuoso y de cornisa hasta llegar a la cima, 1.680 msnm. Tal cual lo describe Polo Giménez, el autor de "Paisajes de Catamarca": "distintos tonos de verdes, un pueblito aquí y otro más allá, y un camino largo que baja y se pierde". Al atardecer comienzan a encenderse las luces de San Fernando, el sol se pierde tras las montañas, el silencio se apodera del lugar, la magia aflora", y los flashes son incesantes, todos queremos detener ese momento.

Finalmente, pasamos un par de días en San Fernando. Nos recomendaron ir a las villas turísticas cercanas. El Rodeo fue el elegido, es un pequeño oasis con un microclima muy agradable, 7º menos que en la capital, donde las agujas del reloj parecen moverse a otro ritmo.

Mercedes De Palma

imagina3112@hotmail.com

Fuente: La Capital de Rosario

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