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Viernes, 15 de Diciembre de 2017

RESIDUOS

El desafío de reciclar y cómo Australia le ganó a la basura

Los australianos producen un volumen de residuos municipales sólidos per cápita entre los más elevados del mundo, pero a mediados de los '90 se convirtieron en uno de los primeros en promover una política de "basura cero".

(SAN JUAN - 04/03/2017)
Pese a que solemos imaginar a Australia como un eterno paraíso verde, lo cierto es que hace solo tres décadas estaba acosada por la basura. En sola una década, la ciudad de Canberra había saltado de una tasa de recuperación de 22% al 69%. Hoy, ese país gestiona de manera eficiente (entre reciclado y disposición final) la mayor parte de sus residuos.

El modelo australiano se basa en maximizar el reciclado y va más allá: intenta garantizar que los productos sean fabricados para ser reutilizados, reparados o reciclados. Así, convierte el sistema industrial unidireccional en uno circular, que impulsa el reingreso del producto al mercado y se propone reducir al máximo los desechos en lugar de gestionarlos.

Latas. Metales. Vidrio. Papel. Cartón. Restos de comida. Pañales. Envases de plástico. Diarios, revistas, sobres, cajas, tetrabrick, botellas, frascos, envases de acero y aluminio, maderas, textiles, plásticos, envases y papeles con restos de comida, servilletas, vasos, envoltorio de golosinas, lamparitas, macetas, trapos sucios. El mandamiento uno del ambientalismo reza que "la mejor basura es la que no se genera".

El modelo se apoya en la "ley de las tres R": Reducción, Reutilización, y Reciclaje, en la separación de los residuos en origen y en el consumo responsable, que implica también elegir aquellos productos menos dañinos para el ambiente.

La política australiana difiere de la de los emblemas nórdicos, Suecia y Noruega, quienes logran reciclar casi la totalidad de los residuos -e incluso los importan de sus vecinos- para alimentar las plantas de incineración con las que abastecen la red de calefacción. Una práctica con dos fuertes cuestionamientos: no permite la reutilización de los productos y emite al medio ambiente sustancias tóxicas.

"Existen objeciones a varios procedimientos de generación de energía a partir de los residuos, porque desalientan la recuperación de materiales. Es una solución fácil: en vez de enterrar, quemo. Genero energía, pero no permito la recuperación de esos materiales", explica Martín Prieto, director ejecutivo de Greenpeace en nuestro país, a ámbito.com. Para Verena Boehme, directora ejecutiva de la fundación Manos Verdes, "en Europa el tema de la generación de energía es aceptado, porque hay un fuerte control y la población confía. Pero acá siempre ha sido cuestionado, debido a que la gente duda de los controles ambientales".

Eliminar los basurales. Cómo y cuándo

En Argentina, la Ley Nº 25.916 de Gestión Integral de Residuos Domiciliarios determina los presupuestos mínimos de protección ambiental. Aunque, si bien es de aplicación obligatoria, las provincias tienen autoridad para el manejo de los residuos sólidos, y los municipios cuentan con potestad impositiva, pueden dictar sus propias normas y organizar los sistemas de recolección, transporte y disposición final.

"No hay manera de hacer una ley nacional, porque el diseño constitucional de la legislación ambiental lleva a que cada distrito o provincia tenga sus propias regulaciones", señala Prieto.

Generamos a nivel país 12.325.000 toneladas anuales de residuos sólidos. La provincia que más incide es Buenos Aires (4.300.000 tns) y la que menos Tierra del Fuego (26.000 tns). En la generación per cápita por día, lideran los porteños (1,52 ks) y cierran la nómina los misioneros (0,87 ks). Un corte transversal en un contenedor mostraría que los desperdicios de nuestras tierras están compuestos en un 50% por orgánicos, un 17% por papel y cartón, un 14% por plásticos, un 5% por vidrio, un 2% por metales y un 12% por distintos materiales.
Pese a que según las cifras del Observatorio Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, la tasa de disposición final en rellenos sanitarios es del 65%, un porcentaje aceptable, y que otro 10% recala en vertederos controlados, el gran lunar de nuestro sistema es el 25% que va a parar a basurales a cielo abierto. Hacer desaparecer el 100% de esos verdaderos focos de polución y enfermedades para 2025 es uno de los objetivos centrales del Plan Nacional de Economía Circular de Residuos, afirmó el coordinador general del GIRSU, Luis Lehmann.

Habrá que trabajar fuerte. Cada vez más ciudades y regiones cuentan con rellenos sanitarios para disponer de forma adecuada sus residuos, pero como en tantos otros temas, las asimetrías quedan a la vista. El número de plantas de tratamiento en funciones están claramente concentradas (70%) en la región central del país. Son actualmente más de 200, y a 2019 están proyectadas algunas más en el noroeste, noreste y sur del país (Australia posee 870).

Para Boehme, lo principal es "entender que estos temas son algo importante en la gestión pública. Y que en la agenda hay que incluir al ciudadano". La concientización de los vecinos, un elemento clave, es otro de nuestros puntos débiles. Un informe realizado por la Fundación Arrayanes para el Observatorio de residuos concluyó que en nuestro país hay una promoción insuficiente sobre la separación domiciliaria y que, como resultado, la recolección diferenciada todavía no se practica en la mayor parte del territorio.

Reciclado. Una industria al límite

La industria del reciclado también requiere implementar incentivos económicos. En Australia existen una serie de iniciativas para minimizar la basura, que incluyen el reembolso de envases en todos los recipientes de bebidas. Además desarrolló contenedores que pagan 10 centavos por cada botella, lata o envase de cartón. Es que el desperdicio de los materiales es la otra cara de la destrucción de los bosques, el empobrecimiento de los suelos y el agotamiento de los recursos minerales.

José Luis Picone, director ejecutivo de la Cámara Argentina de la Industria de Reciclados Plásticos (Cairplas), señala a ámbito.com que "los países organizados tienen leyes que marcan el porcentaje de material reciclado que deben contener los productos. Va a ayudar mucho la Ley de Envases, postergada hace más de una década, que generará fondos para pagar el circuito de recuperación de envases. Es un gran tema, porque se fabrican en un lugar y una vez vacíos quedan repartidos por todo el país. Los fondos saldrían de la responsabilidad extendida del productor: tendrá que aportar una suma por cada envase. Ese pequeño valor paga la logística inversa de la recolección, acopio y envío a las plantas de reciclado". En ese punto tambien se destaca la legislación australiana, que deja en claro la responsabilidad del fabricante para hacerse cargo de sus envases durante todo el ciclo de vida del producto.

Otro envión pueden darlo las grandes marcas, que ubican la política sustentable como una de sus estrategias de marketing y el fomento de "compras verdes" por parte del Estado.

"Según el último estudio, de fines de 2014, se pusieron en el mercado cerca de 1.700.000 toneladas de plástico, y el volumen reciclado alcanzó las 235.000 toneladas, alrededor de un 14%. Y el año pasado las cifras cayeron, porque al menor consumo se le añadió una baja en la recolección de residuos: en total será una merma extra de 10%", grafica.

El problema es que el reciclado no está estructurado bajo la forma de una verdadera cadena de valor, sino que ha crecido fundamentalmente por las necesidades de abastecimiento de un segmento reducido de empresas productoras. "La industria del reciclado plástico siempre está al límite y paga hasta donde puede, porque es barato y deja márgenes muy escasos. En cambio la del papel y cartón mantienen una cadena establecida hace muchos años y siempre sigue funcionando. La del vidrio también está muy frenada. Por el contrario, los metales, como el aluminio, el cobre o el bronce, rinden porque tienen un valor por kilo sensiblemente superior", acota Picone.

Por si fuera poco, el derrumbe en el precio del petróleo le complicó más el escenario al sector. "Hace cuatro años atrás el crudo estaba a u$s 100 o u$s 110 el barril y ahora está a u$s 55. Al caer el precio del petróleo cae también el de los plásticos vírgenes, que a la vez marca el techo del precio del reciclado, porque nadie va a pagar más por el plástico reciclado que por el virgen".

Darle valor a esta cadena, sostienen los especialistas, no solo redundaría en ventajas ambientales, sino también en beneficios económicos. "Lo interesante del trabajo de los recuperadores urbanos es que muestran que hay recursos valiosos, hay toda una comunidad que vive de eso. Recuperar no solo ahorra la energía que deberá utilizarse para volver a fabricar ese producto, genera ingresos", señala Prieto.

"Es una actividad con un gran potencial como generadora de empleo", confirma Boheme, "aunque aquí hacen faltan reglas de juego claras. Por ejemplo, no está definido como se maneja el tema de los impuestos cuando vuelve a aparecer un producto reciclado en el mercado. Es un sector que, comparado con el ritmo que nosotros desearíamos, se mueve un poco lento".

En definitiva, como no todos los materiales pueden reciclarse, y tampoco puede generarse una cantidad ilimitada de residuos esperando a reingresar al consumo, se hace necesario desarrollar productos que tengan una vida útil más larga y que se produzcan a la vez con materiales no tóxicos y reciclables. A eso apuntan los programas australianos. A eso apunta el argentino más preocupado por la cuestión, el papa Francisco, quien desde el Vaticano llamó al mundo, con su ya histórica encíclica Laudato Sí, a "adoptar un modelo circular de producción" basado en "maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar".

Fuente: El Zonda

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