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Viernes, 12 de Agosto de 2022

La proyección nacional de Schiaretti, en un verdadero laberinto

Virginia Guevara

La irrupción de Massa como hombre fuerte del Gobierno complica aún más el indefinido proyecto nacional del gobernador cordobés. No hay socios a la vista. La alianza con el campo y el antikirchnerismo son banderas que ya tienen otros dueños.

(31/07/2022) Alberto Fernández, Sergio Massa y Juan Schiaretti. (Ilustración de Juan Delfini)

Nadie entiende muy bien en el peronismo cordobés qué quiere decir Juan Schiaretti cada vez que reitera que “de los laberintos se sale por arriba”. El gobernador apela a la frase de Leopoldo Marechal –que también es repetida con frecuencia por el radical Facundo Manes– para referirse a la necesidad de superar la grieta con una construcción política que neutralice los antagonismos que existen entre los sectores extremos de Juntos por el Cambio y del Frente de Todos: el macrismo y el kirchnerismo.

Schiaretti se propone para esa tarea, pero lo hace de un modo tan elíptico que muy pocos lo interpretan. La proyeccción nacional del gobernador que reiteran los schiarettistas es un fenómeno tan particular que hasta ahora sólo es perceptible en Córdoba. Y más precisamente en el entorno del Centro Cívico. Esa candidatura se encuentra en un verdadero laberinto.

El viernes, en la Exposición de Palermo, luego de reunirse con la Mesa de Enlace y de ser reconocido por la Sociedad Rural como un “acérrimo defensor del campo”, Schiaretti convocó a una conferencia de prensa en la que repitió que no opina sobre el kirchnerismo, ni sobre Massa, ni sobre un Gobierno del que no es parte.

Se volvió a definir como miembro de un peronismo productivista, republicano, federal y respetuoso de la propiedad privada. Volvió a apoyar al campo y a la agroindustria como salida para el país, y cuando le preguntaron si era candidato a presidente respondió que no es tiempo de hablar de candidaturas.

Política
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Si Schiaretti hasta ahora no encontró ni el espacio ni los socios para un proyecto nacional, desde el jueves pasado y mientras dure el intento de rescate del Gobierno que acordaron Cristina Kirchner y Sergio Massa, serán menores las posibilidades de consolidación de ese espacio de centro que proyecta el gobernador cordobés.

Tal como ocurrió en 2019 –fue apenas seis días después del triunfo histórico de Schiaretti–, es Cristina Kirchner la que intenta volver al carril del centro para retener al peronismo. En aquel momento lo hizo con la postulación a presidente de Alberto Fernández. Ahora lo hace con el impulso de Massa como hombre fuerte de la agonizante gestión albertista.

Los planes de la vicepresidenta y los del gobernador cordobés son exactamente opuestos desde 2008. Y lo son cada vez más.

La opinión de los gobernadores peronistas –Schiaretti no integra esa liga– cuenta muy poco para el kirchnerismo, excepto cuando hay amenaza de ruptura. Fue lo que ocurrió el jueves pasado, cuando los gobernadores terminaron empujando al Presidente a tomar la decisión que Cristina Kirchner no lograba imponerle: que ceda a Massa la parte fundamental de su poder.

DE SOCIOS POTENCIALES A SOCIOS PERDIDOS
Entre los gobernadores que intervinieron, estaban esos socios que Schiaretti espera desde hace años: los peronistas en el poder que le aportan territorialidad a un kirchnerismo cada vez más concentrado en el conurbano bonarense. Entre el mismo jueves y el viernes, varios de ellos salieron a avalar la entronización de Massa. El más contundente fue el santafesino Omar Perotti, que de todos los gobernadores peronistas es el que piensa más parecido a Schiaretti. Fin de una posibilidad que había comenzado a generar expectativas en el schiarettismo.

La otra expectativa mayor del Centro Cívico, un acuerdo multipartidario que incluya a un sector del radicalismo –el que se referencia en el bonaerense Facundo Manes– avanza como construcción teórica, pero en la práctica lo que se observa es que el acercamiento es con un sector del radicalismo cordobés que se referencia en Manes y que no acepta a Luis Juez como candidato a gobernador de Juntos por el Cambio. Esa jugada puede llegar a tener algún impacto en Córdoba, pero hasta ahora no conforma un indicio de entendimiento nacional.

La irrupción de Massa complica en especial a Schiaretti. Por mínimo instinto de sobrevivencia, Massa apostará todo a la estabilización de la economía y a la negociación con los sectores productivos despreciados por el kirchnerismo. Lo primero que hizo fue desactivar una protesta contra el campo en las puertas de la Feria de Palermo y reconstruir un puente con la Sociedad Rural. Demás está decir que Massa no llega por instinto de sobrevivencia, sino por indisimulada apetencia de poder.

El gran problema de Schiaretti es que ese proyecto del futuro ministro corre toda la disputa política hacia el centro del espectro político y no hacia los extremos del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio. Si Massa logra la sobrevivencia, es muy probable que pretenda también el liderazgo hacia 2023 y que lo haga con ideas similares a las que defiende el gobernador cordobés. De hecho, hace apenas tres años ambos defendían las mismas ideas.

Si el laberinto en el que se encuentra el futuro político de Schiaretti es incierto a nivel nacional, en Hacemos por Córdoba no hay nadie que ignore que tampoco abundan las certezas a nivel provincial. La gestión sigue siendo el norte, y el gobernador repite que de los laberintos se sale por arriba, pero Martín Llaryora inicia en breve recorridas por el interior, en todas las direcciones

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