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Sábado, 21 de Mayo de 2022

Mendoza. Suárez “ascendió” a EMESA, que busca su lugar en el negocio petrolero

Juan Carlos Albornoz

El Gobierno provincial le concesionó en forma directa el yacimiento Loma de la Mina, que había sido dejado por YPF tras 25 años de explotación. El presidente de la empresa pública, Pablo Magistocchi, se propone ahora triplicar su producción y dice que la venta del petróleo servirá para financiar la modificación de la matriz energética de la provincia.

(MENDOZA - 23/01/2022) “Ascendimos y ahora estamos jugando en otro torneo”, asegura Pablo Magistocchi, presidente de la Empresa Mendocina de Energía (EMESA). La razón del festejo es la concesión el 7 de enero pasado por parte del Poder Ejecutivo del área petrolera Loma de la Mina, un yacimiento ubicado en San Rafael que dejó de operar YPF y que la Provincia acaba de transferir a manos de su empresa pública de energía.

El ascenso del que habla Magistocchi se sustenta en un cambio en los números de la explotación petrolera a cargo de esta empresa pública, creada en 2012. Se trata de la segunda área en etapa de producción que empieza a explotar. Pero en realidad, la primera realmente importante. “Es el primer yacimiento que no es ‘de borde’, o marginal, aunque sea chico. Para la estructura de EMESA es un desafío”, explica el directivo.

Dicho de otro modo. Hasta ahora, EMESA explotaba en total 37 pozos petroleros. Ahora, administrará 77 más. O sea, la empresa provincial pasará a controlar 114 pozos en total, lo que mejora su posición en el negocio petrolero y pondrá a prueba su capacidad de gestión.

El petróleo es el principal ingreso de EMESA, aunque no el único. Con la plata que entra se mantiene una estructura pequeña (42 empleados) y la mayoría de los fondos tiene como destino la inversión en proyectos que impulsen la transformación de la matriz energética de la provincia.


“EMESA está tratando de desarrollar proyectos puntuales que nos lleven a la transición energética, porque en 2050 el mundo no va a dejar que se consuma de esta forma el petróleo”, especificó Magistocchi.

Para ampliar las investigaciones y estudios energéticos que tiene en marcha, es clave que la explotación petrolera produzca fondos. En el caso de Loma de la Mina, el objetivo consiste en triplicar la producción actual. Hoy se extraen entre 37 y 40 metros cúbicos de petróleo por día, pero alguna vez, cuando la operaba YPF, llegó a extraer 400 metros cúbicos diarios. La idea es triplicar la producción actual y llevarla a unos 100 o 120 metros cúbicos por día. O sea, tres camiones de petróleo convencional por día. “Lo vamos a intentar”, señala Magistocchi.

Ahora EMESA tiene 24 meses para presentar a la Dirección de Hidrocarburos de la provincia el plan de recuperación secundaria, que arranca luego de la licitación que explotó YPF durante 25 años. Además, Magistocchi promete una inversión de 2 millones de dólares para optimizar el área.

EMPRESAS PETROLERAS “LOW COST”
¿Qué representan la producción actual o la proyectada por EMESA en Loma de la Mina? En comparación con la total, sería baja, ya que en Mendoza se extraen entre 8.000 y 9.000 metros cúbicos diarios.


“La joya” mendocina en materia petrolera es Chachahuen, el área que opera YPF desde el año 2013, y que extrae 2.500 metros cúbicos por día.

“No le podemos hacer ruido a la industria petrolera y no tendría sentido”, reconoce Magistocchi. Sí, en cambio, el objetivo es infundir un modelo diferente de explotación, a la propia YPF, con la cual la relación de Mendoza es desde hace tiempo tirante, particularmente por la falta de exploración de nuevas riquezas petroleras.


“Mendoza necesita otro tipo de operadores, empresas ‘low cost’ como las aerolíneas, de estructura más chica y que hagan que el pasaje salga menos. Empresas más livianas”, aclara Magistocchi.

Y aclara: “Nosotros contratamos ‘low cost’ para que nos recuperen los yacimientos, no queremos tener 500 empleados petroleros”.

En efecto, dado que es una empresa pequeña, EMESA contrata proveedores para la explotación de los pozos. Un caso es el de la empresa Hattrick en el área petrolera Lindero de Piedra, también en manos de EMESA. “Lindero de Piedra era una área que fue de YPF en los 90 y estaba en desierta. Esta empresa entró en marzo de 2018 y, al mes y medio, estaba sacando petróleo con dos bombas”, destaca Magistocchi.


LA “YPF DE LOS MENDOCINOS”
La normativa permite que la empresa pública de energía sea adjudicada con áreas petroleras sin pasar por una licitación. Ese “privilegio”, según Magistocchi, es por la finalidad que tienen los ingresos de la empresa.

“El área Loma de la Mina es atractiva, de hecho se presentaron cuatro operadores en el concurso de precios que organizamos”, explica. Y agrega: “El Gobierno decide darle esa área a EMESA porque la política de transición energética hay que financiarla y la vamos a financiar con petróleo”.

“La herramienta para conseguir la transición es EMESA, que es la ‘YPF de los mendocinos’”, destaca también Magistocchi.

Con un presupuesto de 1.800 millones de pesos para este año, dinero que “no es plata del Estado”, y recursos que obtiene de la venta de electricidad, gas y petróleo, EMESA anota entre sus logros el desarrollo del proyecto Portezuelo del Viento. También brinda “soporte administrativo” para el fideicomiso del Estado mendocino que contiene los fondos para la obra (1023 millones de dólares, serán, en total).

Pero también desarrolla estudios para otros proyectos hidroeléctricos, como diques en Uspallata o el proyecto “El Baqueano” en San Rafael. “Hay que hacerlos todos”, considera Magistocchi, para quien la transición energética en Mendoza tiene que encararse por el lado de la energía hidroeléctrica y no tanto la energía solar.

En El Baqueano, por ejemplo, se avanza con una inversión de alrededor de 180 millones de pesos para hacer los estudios previos.

EMESA también aportó los estudios para el proyecto eléctrico “Cruz de Piedra”, al que el Gobierno planea volcar recursos este año, y tuvo a cargo el parque solar del PASIP, en el Este, en el que la empresa invirtió 2 millones de dólares y la Cooperativa Eléctrica de Godoy Cruz 400 mil dólares más.

“El dinero entra por el petróleo y se reinvierte en petróleo y en pensar proyectos”, dice Magistocchi, que suelta algunos anhelos de máxima: “Ojalá en 10 años podamos construir una represa con la plata del petróleo, eso sería tener un futuro posible”.

EL ENOJO CON YPF
El presidente de EMESA no esconde que está “enojado” con YPF.

Señala en este sentido que la petrolera con mayoría estatal “no hizo esfuerzo” por extender la concesión de Loma de la Mina, el área que acaba de recibir EMESA en concesión. La conclusión del directivo es que a YPF “no le interesan las áreas de Mendoza”.

YPF se ha comprometido a hacer dos procesos exploratorios en Mendoza. En ese sentido, Magistocchi afirma que “no tenemos información de Vaca Muerta en Mendoza porque nunca hubo exploración”.

El directivo de todos modos reconoce que la formación de petróleo no convencional tiene más riqueza del lado neuquino que del mendocino y que “YPF no está obligada” a explorar para conocer su riqueza en Mendoza.

“En Argentina lo que viene fallando es la exploración, que es de altísimo riesgo desde 1995 en adelante”, recalca. Magistocchi señala que el 90% del esfuerzo exploratorio lo hizo YPF en los 90. La empresa hoy controla el 70% de las áreas petroleras, que so 89 en total.

El presidente de EMESA considera que hay mucho petróleo convencional por explorar. “Mendoza va a dejar un montón de petróleo enterrado cuando el mundo no deje sacar más”, asegura, aunque a la vez considera que la producción de Mendoza es “madura”.

“El petróleo no convencional te lleva a no explorar. El convencional va a buscar la ‘trampa’, mientras el no convencional va a la ‘roca formadora’. Tiene un costo ambiental y económico el no convencional. Al fracking se le mete dinero y se le saca petróleo. Pero se pierden 10 años de exploración”, remata.

RECUERDO DE IMPSA
Pablo Magistocchi tiene 39 años, y desde hace 5 preside la empresa mendocina de energía. Pero además, cuando llegó al cargo, ya contaba con una experiencia importante.

Esto deviene de haber trabajado en IMPSA, una experiencia “formadora” y que le abrió puertas. “Me mandaron 12 veces a Europa. Pero me tuve que ir porque al final no me alcanzaba la plata para vivir”.

Sus mejores recuerdos de IMPSA se remontan a 2012, tiempo en que la planta del carril Rodríguez Peña era “una isla con gente hablando en todos los idiomas”

Fuente: LOS ANDES

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