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Viernes, 23 de Abril de 2021

Desarrollo territorial. El lúpulo, el motorcito que pone a El Bolsón en la mira del mundo

Juan I. Martínez Dodda

De las 182 hectáreas que se producen en el país (este año sumó unas 15 hectáreas más), más de 100 están en El Bolsón y Lago Puelo.

(Buenos Aires. - 05/04/2021) Desde allí sale más del 70% del lúpulo argentino. La historia de este elemento clave en la producción cervecera, el gusto de los argentinos por las birras más lupuladas y los desafíos.

Lagos, ríos, montañas, nieve, bosques, frutas finas y… lúpulo. El 77% del lúpulo que se produce en Argentina se genera en ciudades y parajes rurales de la Comarca Andina del Paralelo 42, de la que El Bolsón es la punta de lanza de otras como Lago Puelo, El Hoyo o Epuyén. Por eso, esta flor hembra sin fecundar (esto es lo que se usa del lúpulo en cervecería) es el ícono de la ciudad. En esta época están en plena cosecha.


La economía y la evolución de esta localidad están traccionadas por dos actividades: el turismo y la producción rural, y dentro de ésta, las frutas finas como la frambuesa, el lúpulo y las huertas con frutos y verduras. Las dos actividades (turismo y ruralidad) están cada vez más relacionadas entre sí a partir de pequeños emprendimientos productivos (lupuleros, dulceros, huerteros, plantaciones aromáticas y queserías, así como también cervecerías artesanales) que se animan a mostrar lo que hacen a turistas ávidos por conocer de primera mano la producción de alimentos en contacto estrecho con la naturaleza.

“El Bolsón es el lugar más importante de producción de lúpulo de Latinoamérica, es el único lugar donde en pocos kilómetros hay una concentración de más de 100 hectáreas”, contó Hernán Testa, ingeniero agrónomo egresado de la Universidad de Buenos Aires que desde 2008 se especializa en la producción lupulera y actualmente trabaja como asesor técnico en la productora de lúpulo más grande del país, Patagonia Lúpulos Andinos.

El Bolsón es el lugar más importante de producción de lúpulo de Latinoamérica.

Lo dicho, entonces, de las 182 hectáreas que se producen en el país (este año sumó unas 15 hectáreas más), más de 100 están en El Bolsón y Lago Puelo, en ese Paralelo 42. El resto se cultivan algo más al norte, en el paralelo 39.

La región más importante del mundo en producción de lúpulo es Hallertau en Baviera, Alemania, donde se calculan 17.800 hectáreas con plantaciones (el 80% de lo que se produce en Alemania). Vale recordar que Alemania produce un tercio del lúpulo mundial. “En cantidad el principal productor es Estados Unidos en los estados de Oregon, Idaho y Washington, pero no hay una concentración, son lugares a 5-10 horas de distancia”, contó Testa.

Lo distintivo de Hallertau en Alemania o El paralelo 42 en Argentina, cada uno en su justa medida, es la concentración. “Ocupamos el puesto 20 de los 27 países que producen lúpulo, pero esperamos algún día generar las condiciones para, al menos subir a mitad de tabla, como Australia o Nueva Zelanda”, apuntó Testa.

Argentina ocupa el puesto 20 de los 27 países que producen lúpulo.
Argentina ocupa el puesto 20 de los 27 países que producen lúpulo.

La demanda total de Argentina de lúpulo se estima en 1100 a 1200 toneladas. Pero localmente sólo se producen 266 toneladas (el 0,2% de las 129.479 que se producen en el mundo).

Vivir en el paraíso
“Vivir en El Bolsón es estar en permanente contacto con la naturaleza, es todo lo que no tenía cuando vivía en Buenos Aires, en contacto con lagos, ríos, bosques, picos de montañas con glaciares permanentes, todo está al alcance y el tiempo no escasea acá como en la gran ciudad”, relató Testa. Y agregó: “Hay una sociedad muy especial, mucha gente que se retira y viene a vivir acá sus últimos años, es una comunidad muy abierta porque hay un paisano de cada pueblo y muchos emprendedores que te deslumbran”.

Andrea Cardozo, jefa de la AER INTA El Bolsón, es porteña, pero en 2006 decidió irse a vivir a El Bolsón siguiendo un sueño fuera de los reflectores de la gran ciudad. “Es el lugar que elegí para armar mi familia y desarrollar mi vocación de trabajo, a veces es duro trabajar acá para el estado, tan lejos de todo y donde llegan escasos recursos, pero amo lo que hago, me gusta mucho y disfruto porque tiene que ver con estar cerca de la gente, de los productores”, contó Cardozo a Clarín Rural. Allí nacieron sus hijas.

“Lo que recibí de la educación publica lo quiero poner al servicio de este pueblo, quiero que El Bolsón se desarrolle”, compartió. Y agregó: “Tenemos lagos, montañas, ríos, un bosque precioso que trabajo para hacerlo sustentable y que las producciones sean amigables con ese bosque, para mí acá tenemos el equilibrio óptimo entre el ser humano, la naturaleza y la producción”.

Importancia del lúpulo en la cerveza
Hoy en día están de moda las series de vikingos y una de sus bebidas preferidas de estos rudos personajes es la cerveza, uno de los beberajes más más antiguos de la humanidad. Algunos remontan su producción y consumo al año 3100 antes de Cristo y a los egipcios.

Pero el lúpulo hizo su aparición estelar más tarde. Cuentan que hacia el final de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna, en 1516, el duque bávaro Guillermo IV de Orange promulgó la“Ley de la Pureza” en la fabricación de la cerveza, tratando de estandarizar la producción con el uso obligatorio de cuatro elementos: agua, cebada malteada, lúpulo y levadura.

Hernan Testa
Hernan Testa

“Desde entonces, el lúpulo es uno de los cuatro ingredientes que debe llevar la cerveza sí o sí, es minoritario, porque el agua y la malta son los principales, luego lúpulo y levadura también juegan su partido”, recordó Testa.

Y agregó una particularidad bien local: “Para los argentinos en particular es un ingrediente muy importante porque seguimos más la escuela norteamericana que la alemana y si bien a algunos puede gustarle una pils o pilsen checa, donde todo está más equilibrado, a los jóvenes nos gusta más American IPA, una cerveza en la que claramente el protagonista es el lúpulo que ha sido clave en esta revolución de bares y cervecerías artesanales hace ya una década”.

El lúpulo aporta amargor, aroma y lo que llaman flavor, que es una conjunción de sensaciones que remite al gusto. También juega un rol importante en la estabilización de la espuma, además de sus efectos antioxidantes.

“La cerveza artesanal ocupa un lugar importante en El Bolsón y el lúpulo fue lo que hizo cambiar el paradigma de las cervezas, y el surgimiento de las cervecerías artesanales”, contó Pablo Ciari, creador y dueño de la Cervecería Awka hace diez años.

¿Por qué en El Bolsón?
Cada verano, El Bolsón espera con ansias la Fiesta Nacional del Lúpulo (suspendida en 2021 por pandemia). Si se enumerasen las condiciones agroecológicas ideales para producir lúpulo y se buscase un lugar en el mundo para producirlo seguramente El Bolsón estaría entre los sitios destacados.

El lúpulo es una enredadera y el órgano botánico de interés es la flor. “Es una planta perenne en su parte subterránea, esto es, raíces y tallo que son de gran tamaño y pueden durar 30 años, pero su parte aérea es anual, con un inicio del ciclo al ras del suelo que puede llegar a trepar y, bien guiada alcanzar los 6 metros de altura, para ello necesita un tutor y su principal enemigo es el viento, por eso, comparado con Bariloche o Esquel, donde hay días ventosos, El Bolsón es ideal”, contó Testa.

Además, necesita días largos, por eso, conviene hacerlo en sitios alejados del ecuador. “Si la planta detecta muchos días de luz conlleva excelentes desempeños porque es una planta foto periódica y la longitud del día le define su desarrollo y crecimiento”, explicó Testa. Otro punto para El Bolsón que está en el Paralelo 42, cuando las mejores ubicaciones para el lúpulo empiezan del 35 en adelante. Hallertau, el epicentro mundial lupulero, está en paralelo 47.

También es una zona con temperaturas “amigables” porque si bien no hay un periodo libre de heladas, las heladas que suceden no son dañinas.

Otra limitante es la altura. Y El Bolsón suma otro punto porque se requiere que no esté a más de 400 metros sobre el nivel del mar, que es la media de El Bolsón.

Bariloche, por ejemplo, tiene más de 800 msnm. “El Bolsón es una especie de olla a resguardo de todas estas inclemencias, pero, además, es un valle muy fértil porque el fondo del valle no era bosque, eran pastizales naturales que dejaron muy buena fertilidad”, relató Testa.

Como frutilla del postre, otras dos bendiciones: la humedad relativa es baja, lo que deja sin efecto las enfermedades fúngicas que pueden complicar el desarrollo del lúpulo, y, por otro lado, hay agua para riego, que se puede usar sin afectar el abastecimiento de la población. “Las menos de 1000 hectáreas agrícolas que quedan en la zona se pueden abastecer perfectamente de agua incluso considerando una alta dotación de 1 litro/ha por segundo”, apuntó Testa, que también ponderó, ya no como bendición climática sino como condición de infraestructura, la existencia del gasoducto que les permite hacer el secado con gas natural “a un precio más competitivo y un costo aceptable”.

Generación de empleo
Si bien la base de la economía local (como en muchas ciudades y pueblos del interior) sigue siendo el trabajo estatal, sea en la administración pública, la docencia, policía, médicos, y otras reparticiones, los últimos años, la gran cantidad de emprendimientos privados de distinta envergadura ha cobrado protagonismo y está nivelando poco a poco la balanza.

Testa calcula que el lúpulo requiere 100-120 jornales de 8 horas por hectárea por año, lo que sería lo mismo que una persona cada dos hectáreas, pero no es tan así porque no se puede tener dos personas para cuatro hectáreas, porque en muchos momentos del año se necesitan muchas más, por eso, es mejor cuantificarlo en jornales.

Se calculan unos 70 puestos de trabajo permanentes, y otros tantos en primavera, época de postura de hilo y entutorado, y sobre todo en marzo, para la cosecha.

“Hay una tradición de trabajo, con muchísimos trabajadores rurales que han recibido o transferido un legado entre generaciones en la actividad lupulera”, contó Cardozo. Y agregó: “El lúpulo requiere de mucha mano de obra labores culturales como es el atado, la poda y la cosecha, una actividad que se nutre de mano de obra local y tiene que ver con el arraigo y la tradición”.

Para Ciari, “el lúpulo genera mucho trabajo, requiere mucha mano de obra y son trabajadores con conocimiento, no es para cualquiera”.

“Es una actividad que si bien se está tecnificando requiere mucha mano de obra en varias actividades”, anticipó Testa. La empresa para la que trabaja adquirió para esta campaña una de las mejores cosechadoras del mundo, todo un hito porque desde 1994 que no se importaba una.

“Pasaron 27 años pudimos traer una tecnología alemana de lo mejor que hay en el mundo para cosechar lúpulo que, vale aclarar, es un equipo estático que separa la flor del tallo y las hojas”, contó Testa. Una cosechadora de lúpulo no sirve para otra cosa que para cosechar lúpulo. Por eso no es una inversión para cualquiera, porque hay que amortizarla con una buena cantidad de hectáreas y kilos.

“Este equipo nos permite bajar la rotura de conos de lúpulo y, principalmente, su porcentaje de limpieza, menos de 1% de materia extraña, tallo y hojas, lo cual es un salto cualitativo en todo el proceso y en el producto final”, relató Testa. El cono del lúpulo se aprovecha, el resto se composta y devuelve al campo.

Oportunidades para jóvenes
“El Bolsón es una ciudad en crecimiento, para mí es una de las ciudades que más ha crecido los últimos 20 años en la Argentina”, consideró Ciari.

El Censo de 1991 contó unos 9980 habitantes en El Bolsón. El último de 2010 alrededor de 19.000 habitantes. Sin embargo, el INDEC estima que actualmente deben habitar en la Comarca Andina unas 37.000 personas. A saber: En El Bolsón y los parajes rurales unas 25.000 personas; en El Manso, Foyel y Río Villagas, 1500; Lago Puelo 11.900; El Hoyo 5600; Epuyén 5600. Entre todas las localidades del Paralelo 42 ya estiman unos 49.600 habitantes.

Consultada sobre qué hacen los jóvenes bolsonenses al terminar la secundaria, y si tienen oportunidades laborales, Cardozo anticipó que “es difícil generalizar, porque si hay algo que nos caracteriza en esta región es la heterogeneidad en la composición de la sociedad”.

Lo cierto es que los jóvenes, si quieren, pueden hacer carreras universitarias y terciarias que les dan oportunidades laborales en la zona. De hecho, en El Bolsón está la única carrera de grado en AgroEcología, que depende de la Universidad Nacional de Río Negro. Algo que atrae a los jóvenes en busca de nuevos horizontes.

Esto ha generado una migración positiva a la ciudad. “Con muchos de ellos me toca trabajar desde INTA, buscan una producción agroecológica, más natural, son jóvenes que tienen una formación y elijen un vínculo distinto con la tierra, revalorizando también los alimentos locales, algo que se profundizó en 2020, con la pandemia y el cierre de fronteras”, graficó Cardozo.

“Hay mucho empleo público, pero hay muchos pequeños emprendedores que están buscando agregar valor a la producción local, así surgen dulcerías, heladerías, queserías, y está el turismo que busca un vínculo con la ruralidad”, contó Cardozo.

La jefa de la AER INTA El Bolsón compartió que se ve mucho que “si los padres son productores la generación siguiente busca continuar con esa tradición, pero dándole un toque más vinculado al turismo, lo que hace que surjan emprendimientos muy lindos”. “No hay grandes empresas que tomen mucha gente, pero sí muchos emprendimientos”, resumió.

Desafíos, ¿hay futuro?
Como toda ciudad o poblado en crecimiento, El Bolsón tiene algunas cuestiones por resolver. Una de ellas (como en casi todo el interior), es infraestructura, sobre todo en caminos. “No hay una mirada hacia el fomento de la producción”, lamentó Cardozo.

Otro tema es que el precio de la tierra es alto porque tiene un valor inmobiliario.

Las chacras que quieren usarse en producción tienen que pagar lo mismo que un lote para construir cabañas.

Las comunicaciones, en algunos sitios, son de principio de siglo. No hay señal de teléfono, menos de internet. “La infraestructura de la localidad no está adaptada para el crecimiento poblacional que ha habido, que ha sido importante”, dijo Cardozo.

Coincide en esto Testa, quien describe una “la logística limitada, todo termina en Bariloche, las comunicaciones son limitadas, y hay mucha competencia por el uso de la tierra”.

En este sentido, desde el INTA El Bolsón, Cardozo intenta poner en investigación problemas del territorio para luego llevar soluciones a los productores. “Es una co- creación de manejos y tecnologías, una adaptación a las demandas locales pensadas desde lo agroecológico”, apuntó Cardozo.

Respecto del futuro, Testa recordó que “en Argentina hay una demanda insatisfecha de lúpulo” y “si bien los años 90 fueron tremendos para los productores porque de los más de 30 que había quedaron 10 y hoy somos menos de 10, hoy el negocio es rentable, aunque es difícil arrancar porque la inversión inicial se elevada y no se puede empezar con una superficie chica, necesitás volumen”.

Uno de los objetivos de las lupuleras es incorporar el turismo en las chacras como se hace en otros países, donde los turistas puedan observar el valle entre los cerros y conocer más sobre las plantaciones y la cerveza artesanal.

Cae el sol, termina un nuevo día de cosecha en El Bolsón y la Comarca. Cardozo y Testa culminan una nueva jornada de trabajo. Ella en INTA, él en el campo. Es hora de volver a casa. Además de la pasión por el lúpulo, Andrea y Hernán comparten el amor, y la familia, son marido y mujer y ambos coinciden en que sin ser nativos de El Bolsón, han aprendido a querer esta ciudad como si lo fueran. Son otros de los cada vez más adoptados por esta pintoresca y acogedora ciudad del sur argentino

Fuente: Clarín

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