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Lunes, 10 de Agosto de 2020

Mario Ishii: defecto, virtud y excesos de un jefe del conurbano

Daniel Bilotta

La aparente falta de sutileza que se le achaca como defecto para interpretar reglas es la virtud con la que cimentó su carrera desde 1999, la primera vez que fue elegidoLa aparente falta de sutileza que se le achaca como defecto para interpretar reglas es la virtud con la que cimentó su carrera desde 1999, la primera vez que fue elegido

(Buenos Aires. - 27/07/2020) La mayoría de los intendentes le atribuye a Mario Ishii violar sistemáticamente dos axiomas que deberían respetar los que desempeñan ese cargo: discreción y cierto espíritu de cuerpo. El segundo recrea el único espacio donde el primero puede relajarse. Siempre que no se viole el espíritu del primero. Es decir, hablar de lo que nunca debe decirse. La aparente falta de sutileza que se le achaca como defecto para interpretar estas reglas es la virtud con la que cimentó su carrera desde 1999, la primera vez que fue elegido.
Resulta llamativo que Eduardo Duhalde haya sido fascinado por ese espíritu libertino. Como todo caudillo, rechazó disidencias. Aunque toleró excepciones cuando le resultaron convenientes. Ishii fue una de ellas. La ley 11.551 de la Legislatura bonaerense habilitó al gobernador a dividir el distrito de General Sarmiento en los municipios de San Miguel, Malvinas Argentinas y José C. Paz.

Sergio Berni defendió a Mario Ishii: "Fue una mala expresión que no tiene nada que ver con la realidad"
En las elecciones de 1995 fueron elegidos intendentes José De Luca, Jesús Cariglino y Rubén "Hueso" Glaría. La cercanía del exjugador de San Lorenzo con el presidente Carlos Saúl Menem fue crucial para que Duhalde consintiese a Ishii, primer concejal en la lista de Glaría y a quien derrotó en las internas del PJ en 1997.

Desde entonces hasta asumir como intendente, el municipio estuvo virtualmente paralizado por el Concejo Deliberante, símbolo transitorio del poder político.

El apogeo de Eduardo Duhalde en el peronismo y después el de Néstor Kirchner merecen anotarse en la biografía de Ishii como dos períodos extraordinarios. Suspendió la inorganicidad que le reprochan sus pares para encolumnarse detrás de sus liderazgos.

La de Kirchner fue la etapa más vehemente. En 2009, Ishii se juramentó a "cazar traidores" involucrados en la supuesta conjura de intendentes del conurbano que habría colaborado con la victoria de Francisco de Narváez en las elecciones de ese año.

Kirchner nunca dijo nada de ese asunto. Tal vez para no violar aquel primer axioma sobre la discreción. El primer cargo que ocupó fue el de intendente de Río Gallegos, en 1987.

Un sector del peronismo salió a respaldar a Ishii tras sus dichos sobre la venta de "falopa"
Bajo estricto anonimato, los intendentes desmintieron parcialmente a Ishii. Aseguraron que solo defendieron sus territorios. Es probable que los tres argumentos sean compatibles.

Para dedicarse a tiempo completo a esa faena, en 2011 se postuló a senador provincial. E impulsó a su secretario privado, Carlos Urquiaga, para sucederlo como intendente. Fue cuando comenzó a reportar con altibajos al cristinismo. En 2015, el exespía Jaime Stiuso lo citó en su declaración por el crimen de Alberto Nisman ante la jueza Fabiana Palmaghini.

De acuerdo con ese testimonio, en 2013 la presidenta le habría pedido que "le saque de encima" al exagente de la SIDE. Desde entonces, apela a una de las dos virtudes por las que puede trascender un intendente. La proyección política a través de la calidad de su gestión. O declaraciones efectistas con el fin de provocar algún tipo de conmoción política.

El vaticinio de un estallido social por el crecimiento de la inseguridad es la más reciente. Una expresión inducida por la picardía de Sergio Massa, según especulan otros jefes comunales. Massa mantiene un larvado enfrentamiento con Sergio Berni desde 2013 cuando el prefecto Alcides Cogorno Díaz asaltó su casa.

Como se sabe, Sergio Berni es el ministro de Seguridad de Axel Kicillof. Por una formalidad política, desde 2012 Berni fue el segundo de Cecilia Rodríguez en el Ministerio de Seguridad de la Nación. Pero nadie dudaba de la influencia de Berni en aquella cartera, durante el segundo mandato de Cristina Kirchner.

En los municipios vecinos a José C. Paz están convencidos de que allí existe un Estado pobre pero ordenado en torno a la figura de Ishii. Parece difícil que algo ocurra sin que él lo sepa. Es el problema del modelo de concentración de poder en un único responsable: los excesos.

Quizás haya sido víctima de uno propio en la protesta de choferes de ambulancias del pasado 4 de junio. La grabación tardó más de un mes en viralizarse. Nadie mejor que los más cercanos para detectar el momento de debilidad de un líder que desatiende a su entorno.

Por: Daniel Bilotta

Fuente: LA NACION

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