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Martes, 31 de Marzo de 2020

"Hablalo con Gustavo": la influencia de Beliz crece

Gustavo Beliz habla poco, pero incide muchoGustavo Beliz habla poco, pero incide mucho Fuente: Archivo Es el hombre clave de la gestión de Fernández; influye en un abanico amplio de temas y es muy estimado

(BUENOS AIRES - 12/01/2020) "¿Viste Nisman?". Santiago Cafiero le soltó la pregunta a Gustavo Beliz casi antes de saludarlo, apenas se lo cruzó en uno de los pasillos del sector presidencial de la Casa Rosada. El jefe de Gabinete se había quedado hasta tarde la noche anterior disfrutando de la serie documental de Netflix, dirigida por el británico Justin Webster. Beliz, secretario de Asuntos Estratégicos, sonrió y negó con la cabeza. "¡La tenés que ver! -insistió Cafiero-. Es una gran reivindicación para vos".
La escena, que en los últimos días Beliz revivió como una suerte de déjà vu con distintos funcionarios del gobierno nacional, habla de la etapa política que atraviesa el secretario de Asuntos Estratégicos. Con la confianza del Presidente como abrepuertas, ganó influencia en el abordaje de cuestiones sensibles de la gestión y se convirtió en un arquitecto silencioso de la administración de Alberto Fernández.

Después de la salida abrupta de los gobiernos de Carlos Menem, en el que fue ministro del Interior, y de Néstor Kirchner, en el que encabezó el Ministerio de Justicia, y de una suerte de exilio de más de una década en los Estados Unidos, donde trabajó para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para Beliz, con 58 años recién cumplidos, llegó el momento de la redención.

"Estamos trabajando. Todo tranquilo", se limita a decir, con una sonrisa y las palmas hacia abajo, el secretario de Asuntos Estratégicos cuando se cruza con algún periodista a la salida de su despacho, ubicado al lado del Salón Eva Perón, en el primer piso de la Casa Rosada, el mismo donde habita el Presidente. El funcionario, uno de los que pasan más horas en Balcarce 50, es tan cordial como hermético. No escapa a las consultas, no se muestra incómodo ni tenso, pero no responde ni una pregunta. Los doce años que trabajó para el BID, en Washington, le infundieron los modos de un burócrata anglosajón.

"Es como un ser de otra época. Parece un pastor evangélico, tipo Guzmán [Martín, el ministro de Economía]", lo describe, divertido, otro habitante de la Casa Rosada. En Balcarce 50 nadie desconoce que juega un papel clave. "Detrás de todos los temas estratégicos, donde se definen las cosas que van más allá del día a día, está Beliz. Las mesas de diálogo más importantes que se armaron en este mes las armó él", dice un funcionario, y destaca que en el encuentro entre empresarios y sindicalistas del 27 de diciembre, que Beliz diagramó junto con Cafiero, el secretario de Asuntos Estratégicos se encargó de la redacción del documento final, titulado "Compromiso Argentino de Solidaridad".

La formación del Consejo Económico y Social, uno de los proyectos que el Congreso tratará durante el verano, es hoy la responsabilidad más importante que tiene Beliz. Pero no la única. Interviene en buena parte de la política exterior, en especial en la relación con los Estados Unidos y con los organismos multilaterales de crédito, y supervisó los organigramas de casi todos los ministerios. Un intendente del conurbano se sorprendió cuando, al proponerle al Presidente más acciones para mostrar presencia de la gestión en el territorio, Fernández le respondió: "Hablalo con Gustavo".

El secretario de Asuntos Estratégicos tiene además muy buena relación con las iglesias católica y evangélica, con sindicalistas y dirigentes de movimientos sociales. Hace aportes en las discusiones sobre la incidencia de la tecnología en el trabajo, hizo el proyecto del Consejo de Seguridad, que parece haber quedado relegado, y mira de reojo las reformas que se preparan para el sistema judicial y la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

Sus denuncias sobre Antonio Stiuso, por entonces director de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia, marcaron hace 15 años su salida del gobierno de Kirchner, precipitada después de una protesta frente a la Legislatura porteña, que terminó con graves incidentes. "La foto de Stiuso la mostró cuando Kirchner ya lo había echado", advierte un ministro que todavía le desconfía. "Que digan lo que quieran. Gustavo fue el primero que puso la cloaca arriba de la mesa", lo defiende otro colega del gabinete.

El 24 de julio de 2004 le pidió la renuncia el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el mismo que volvió a convocarlo el año pasado, cuando supo que iba a pelear por la presidencia. "Se han encontrado desde otro lugar. Los dos saben por lo que pasó el otro. El día que presentó el gabinete Alberto le hizo una gran reivindicación. Gustavo casi se pone a llorar", contó un funcionario que conoce bien la relación.

El Presidente está muy conforme con el papel que le encontró en el gobierno. Ya durante la campaña renegaba de los que rotulaban a Beliz como "zapatitos blancos", el apodo que le pusieron en el gobierno de Menem después de que se fue denunciando que convivía con "un nido de víboras". "¿Vamos a rechazar a Gustavo porque es muy honesto y no se adapta a los códigos? ¡Es una locura!", respondía Fernández cuando le preguntaban por aquellos portazos de Beliz. "Evolucionó mucho en Washington", lo defendía.

De a poco, otros funcionarios empezaron a entrar en confianza. "Es bueno, es puro. Quizá por eso asume posiciones trotskas. Él reconoce que debería haber hecho más política en sus anteriores pasos por el Ejecutivo", cuenta un ministro que aprendió a valorarlo. "Es un vergel de ideas y tiene una capacidad de trabajo increíble. Te puede leer tres libros en dos horas y te prepara un plan en cuatro", lo ensalza un secretario de Estado.

Sus dos colaboradores más cercanos, el subsecretario de Relaciones Financieras Internacionales, Christian Asinelli, y el exlegislador porteño Jorge Srur, imitan a su jefe y evitan a la prensa. Otros se encargan de defenderlo. "¿Gustavo no hace política? Tiene más vínculos que la mayoría de nosotros", dice un ministro. Al margen de la cantidad, los contactos de Beliz son de lo más diversos: sus dos mejores amigos son Juanse, el cantante de Los Ratones Paranoicos, con quien comparte un catolicismo ferviente, y Marcelo Gallardo, a quien tenía como vecino cuando el DT de River jugaba al fútbol en Washington.

Ese, el del fútbol, es un punto en el que nadie defiende a Beliz. El secretario de Asuntos Estratégicos participa de los partidos que se hacen los viernes en la residencia de Olivos. Juega para la Casa Rosada, como mediocampista, en los desafíos frente al equipo de ministros. Sus compañeros deslizan que, con Beliz en la cancha, el equipo del Presidente está dando ventaja.

Por: Gabriel Sued

Fuente: LA NACION

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