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Jueves, 12 de Diciembre de 2019

Una campaña moderna o el uso renovado de las viejas estrategias

Por Dionisio Bosch

Big Data, segmentación, algoritmos, WhatsApp, redes, posteo, cantera, millennials, sub-45, todos términos de la nueva política que promete colocar a tal o cual candidato como nuevo presidente de la Nación y nos dejan la sensación de que finalmente y en pocos años dimos el salto al siglo XXI de la política (perdón por la redundancia).

(30/07/2019) Dos viernes atrás, Brad Parscale viajaba en avión, intentando beber su iced tea sin mancharse el traje. La pajita de papel, como suele ocurrir tantas veces, se había roto. Harto tuiteó “Acabé con las pajitas de papel” con el irónico hashtag “#LiberalProgress”. Inmediatamente casi 10.000 personas le contestaron y retuitearon. Movido por su mujer, Parscale mandó un e-mail a su gente en tierra: “Making Straws Great Again” (Haciendo las Pajitas Grandes, Nuevamente) .

Cuando el jefe de campaña de Donald Trump aterrizó en Florida, los sorbetes colorados con la inscripción “TRUMP” ya estaban en la línea de producción y la campaña publicitaria para venderlas terminada y en marcha. Ofreciendo una alternativa plástica reutilizables y reciclables a las “pajitas liberales de papel” “que no sirven”, la primera partida se vendió en apenas horas. En paquetes de 10 a un costo de u$s15, y a pesar de que ninguna fue aún entregada (las primeras estarían llegando a principios de agosto), la nueva “vaca lechera” ya dejó más de u$s456.000 para la campaña del “Donald”.

Simplemente tomaron algo que la gente odia -pajitas de papel- y lo convirtieron en una declaración política embolsando cientos de miles de dólares para seguir propagando sus ideas.

Tal vez lo que más recordamos en esto del merchandising es la gorra con el “Make America Great Again”, un icono de la campaña 2016, que ahora pasó a convertirse en una muestra de fidelidad al Donald y los valores que representa (con unos 2 millones vendidos a u$s25, significó un ingreso de u$s16 millones para la campaña presidencial). Pero la gente Trump y los suyos, que conocen el valor de “su marca” y no tienen miedo a utilizarla, no se han quedado nunca quietos.

Cuando fue la pelea con los jugadores de la NFL que se arrodillaban mientras se pasaba el himno, sacaron camisetas (u$s99) de futbol americano con el número 45 y la leyenda “Levántate por América”, para que los conservadores pudieran demostrar su enojo. Ante la investigación por la injerencia rusa en las elecciones, las jarritas “Caza de Brujas” (u$s30), los portalatas “Ninguna colusión” (u$s8) y las remeras “Colusión-Engaño” o “Yo espío a Trump” (u$s28). Ante las acusaciones de Adam Schiff camisetas con su cara y nariz de payaso o un cuello de payaso (u$s34), que llevan recaudados unos u$s250.000.

Aunque el presidente no es el único con esta estrategia. A principios de mes, cuando Nike lanzó en conmemoración del 4 de julio una serie de zapatillas con la bandera norteamericana original, y la retiró ante las críticas que era de una época en que existía la esclavitud, la respuesta de los republicanos fue una camiseta con la “Betsy Ross” (u$s35). En cuatro días se hicieron de más de u$s 500.000.

Para concentrar todos estos esfuerzos, el Partido Republicano acaba de darle la bendición a WinRed, una plataforma de Crowdfunding (Anedot y Give.GOP/Right.us solo recaudan -la alternativa demócrata es ActBlue-) que no sólo concentra las donaciones, sino que permite a los candidatos de cualquier lugar del país desarrollar y vender su propia mercadería.

En lo económico, cuando se revisa quiénes compraron las susodichas pajitas (o las camisetas de Schiff), más de la mitad (40%) es gente que nunca antes había aportado por el presidente (nuevos “leads”) y a la cual los organizadores de la campaña pueden volver a recurrir sea por dinero o para que compren otros artículos. Pero el merchandising -la gran novedad en campañas políticas 2019- no sólo se ha convertido en una forma de atraer a los donantes y retribuirles algo por su dinero, sino lo que es más importante, que ellos muestren su apoyo por una idea dejando una marca en la sociedad.

Lo que nos enseñan las pajitas es que a pesar de su pretendida modernidad y confianza en los métodos cuantitativos, más allá de los globos, escuditos y banderas, los jefes de campaña vernáculos siguen pensando como en el siglo XIX -apelando al miedo y la codicia-, sin interpretar a los ciudadanos, incapaces de entender cómo aprovechar los momentos culturales y devolverle a la gente lo que a gente les da.

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