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Sábado, 21 de Septiembre de 2019

Nuevo libro sobre los orígenes de Luján

Nicolás Grande

El historiador Norberto Marquiegui publicó un trabajo donde retoma su mirada sobre el proceso histórico que derivó en el surgimiento del poblado. Muy lejos de la mirada tradicional atada al milagro, el investigador del CONICET destaca la condición de punto fronterizo con el indígena como elemento central.

(Luján - 20/06/2019) El historiador Dedier Norberto Marquiegui acaba de publicar un nuevo libro, que fue presentado en el XVII Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires, realizado en Trenque Lauquen. El trabajo lleva por nombre Precisiones documentales sobre los orígenes del Luján urbano. Realidad y mito.

En sus páginas, el investigador del CONICET retoma una perspectiva ya planteada en otros de sus trabajos. En ese sentido, cuestiona el relato tradicional que ata el surgimiento del poblado a la figura de la Virgen, milagro de la carreta incluido, y a la estampa de Ana de Matos. Marquiegui cruza diferente documentación histórica para situar el hito de fundación un siglo después, vinculando la ubicación geográfica de la zona como frontera con el indígena. Aparece entonces la figura de una mujer, Magdalena Gómez de Díaz Altamirano, y una donación clave que dio lugar al surgimiento de la aldea.

MITO Y REALIDAD

Marquiegui expone que el relato hegemónico sobre los orígenes urbanos de la ciudad actual está fuertemente asociado al milagro y a la cuadra circular que donó Ana de Matos. En cuanto al primer aspecto, destaca que responde a una cuestión de fe en la que todos los fieles tienen derecho a creer. Sin embargo, como hecho histórico, el milagro se vuelve “dudoso”, principalmente porque no hay testigos directos (el investigador plantea que el Negro Manuel no lo es) y que la primera versión escrita apareció cien años después, cuando no había declarantes vivos ni, por el promedio de vida de la época, los podía haber.

Explica que el relato milagroso cuadra perfectamente, hasta en sus más mínimos detalles, con una matriz de narraciones que tenían lugar en Europa, pero sobre todo en España (también en Latinoamérica), como basamento del culto de numerosas vírgenes y santos, sirviendo de piedra angular para el levantamiento de sus santuarios, como aquí habría de suceder.

En el libro, publicado por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, también desliga a Ana de Matos de la fundación del poblado. Por el contrario, menciona que los primeros cronistas de la Virgen, Pedro Nolasco de Santamaría y Felipe José Maqueda, indican que la donación realizada por la mujer estanciera dio origen al culto a la Virgen y su capilla, pero jamás a la formación de una aldea, pueblo o ciudad. Su testamento, resguardado en el Archivo General de la Nación y al que cualquiera puede acceder, apunta en la misma dirección: la donación de la cuadra circular era para el levantamiento del primer templo con su fábrica y nada más. Como consecuencia de esa corroboración, Marquiegui se pregunta de dónde pudo haber surgido la idea devenida en segura convicción para casi todos los lujanenses de que en esos hechos residen los orígenes de nuestra ciudad.

En ese punto, aparece la inmensa figura de Jorge María Salvaire, el sacerdote que terminó por dar forma al culto actual y a la Basílica de la Virgen de Luján, como respuesta al avance del Estado liberal en plena Generación del 80. Marquiegui califica al famoso libro Historia de Nuestra Señora de Luján, publicado por el religioso, como un escrito de “combate”.

Se describe cómo el proyecto de Salvaire necesitó de la construcción de un pasado lujanense ideal donde lo religioso ocupaba el centro de la escena, como un contramodelo de la sociedad liberal, laica y materialista en que vivía y quería combatir.

Desechada la explicación religiosa, el libro propone otra lectura. Marquiegui expone que nada existía allí donde se suponía que había un pueblo en algunas fechas claves de la historia local: en 1685 cuando se inauguró la primera capilla; tampoco hacia 1711, momento en que se fundó la efímera reducción india de San Francisco Xavier; y en 1726, en tiempos del padrón (censo) de la campaña bonaerense, ni en 1730 cuando se fundó el curato que fijó sede en el templo, porque nada había a su alrededor. Afirma que sólo existía la capilla y su fábrica, entre estancias en la inmensidad de la pampa.

Para el investigador del CONICET el momento decisivo lo constituye la orden del gobernador Miguel de Salcedo a la estanciera Magdalena Gómez de Díaz Altamirano, heredera por compra de las tierras de los Matos, para que lotee parte de sus tierras frente a la capilla, y que ella retrasmite a sus herederos, albaceas testamentarios, hijos e hijos políticos, en su testamento de 1742. A diferencia del testamento de Ana de Matos, Magdalena Gómez dejó en claro que el loteo serviría “para que lo pueble la gente que se conoce derrotada (por los indios)”.

Así llega Marquiegui, según sus propias palabras, al “verdadero origen histórico”. Considera que desconocer la condición fronteriza de Luján del siglo XVIII es un grave error. Los malones, siempre presentes, sufrieron un recrudecimiento en la década de 1730 por una diversidad de razones que recién la literatura histórica de los últimos veinte años permite entender, dejando a la población campesina en el mayor de los desamparos. Las autoridades coloniales, para protegerlos pero también y sobre todo para proteger el flujo de plata que desde Potosí circulaba por el Camino Real hasta el puerto de Buenos Aires, iniciaron una política de población de pueblos. Luján fue el primero porque tenía una ubicación estratégica ya que por sus tierras pasaba el Camino Real, contaba con vado y luego puente para agilizar el tránsito de la plata sobre el río, y también la capilla. Esa política tuvo continuidad con los fortines de milicias en 1745, que cedieron paso a los fuertes y guardias de los Blandengues una década más tarde.

Para terminar de despejar dudas, el historiador recurre a documentos generados durante el proceso de compra-venta de las tierras de Magdalena Gómez y sus descendientes, echando mano al listado de vecinos propietarios que Juan de Lezica debió enviar ante el Consejo de Indias para validar la pretensión de convertir en Villa a una pequeña aldea de 250 habitantes. La lista de las propiedades de los vecinos siempre tiene origen en Magdalena Gómez y sus sucesores y no en Ana de Matos y su cuadra circular, que nunca son mencionados, sencillamente porque es el libro de Salvaire el que, por sus necesidades, les otorgó ese lugar. El historiador analiza que después muchos autores, con variantes, repitieron ese relato, por una diversidad de intereses y motivos que se detiene a revisar. Considera que la historia documentalmente probada es otra.

Fuente: EL CIVISMO

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